Nació como un bebé pequeño, nada más,
como uno entre tantos que a la vida nacen ya.
No ocurrió nada más, era un niño.
Nació y ninguno preguntó si de mayor
Él tendría gran poder para sanar,
si andaría sobre el mar,
era un niño.

Nació y ninguno preguntó si iba a morir,
si la gente algún día le iba odiar,
si sería el Redentor,
si traería libertad.

¿Quién pensó que aquel niñito moriría en la Cruz,
trayendo a nuestro mundo nueva aurora de luz
una nueva vida y una oportunidad
de llegar al Padre una vez más?

¿Quién pensó que al tercer día iba a resucitar,
batiendo al infierno y a la muerte fatal,
abriendo nuevos tiempos de felicidad
por amor, por amor a ti?

Hoy, nuestro mundo se ha olvidado de Jesús,
han cambiado su victoria por placer terrenal.
De su Cruz queda ya un recuerdo.
Vivir, matar si es necesario alguna vez
cortar la vida antes de que pueda aún nacer
y del niño de Belén, un recuerdo.

Jugar a ser una mejor generación,
marcharse si es posible del hogar, sembrar
odio y rencor, sin saber perdonar.

Escucha en esta hora la eterna verdad,
que el niño de Belén un día va a regresar,
y en Gloria y en poder Él juzgará tanta maldad
marcando frontera final.

Y todo el universo lo podrá contemplar,
y toda obra oculta a la luz nacerá.
Su Iglesia marchará con Él a un nuevo lugar,
un hogar, un dulce hogar que Él prepara ya.

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    Buscadme y viviréis, 2015
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